Diarrea, remedio infalible

Hay veces en la vida que las necesidades básicas se vuelven más demandantes, uno ya no es feliz yendo a defecar una vez al día, el aparato digestivo pareciera manifestarse en contra de las actividades que no impliquen cagar (palabra prohibida, calma, no pasará nada) y es necesario hacerse de un buen papel de baño (acolchonadito, que no roce, y en lo posible con aroma floral para distraer la nariz a la hora de la hora) y estar listo para lo inesperado. En esos días en que el excretar se vuelve impetuoso y súbito, pues se sufre y ya, nada que hacerle, este sufrimiento está ahí y sólo se puede tomar alguna medicina y esperar. Ese no es el tema de este post.

El tema concreto es ”la cagadera como tema censurado y por ende poderoso (claro, en ciertas circunstancias)”. Muchas veces he buscado excusas para salir de ciertas situaciones embarazosas, cuando llego tarde, cuando se me olvida alguna cita, cuando no hago algún trabajo, cuando… Las excusas pueden variar desde: “Híjole, lo que pasa es que había mucho tráfico” o “Una viejecita se me atravesó y tuve que ayudarle a cruzar la calle” o “mi hermano se calló de la azotea y tuve que llevarlo al hospital” o “se fue la luz y el trabajo se borró”. Como se puede apreciar claramente, estas excusas tienen dos vertientes:

1. Son poco creíbles o poco importantes, el interlocutor puede hallar fácilmente alguna razón para desacreditar la excusa, y entonces te quedas ahí, desnudo ante las circunstancias.

2. Son creíbles pero muy importantes, en este caso se encuentran los accidentes, funerales, etc. El interlocutor se siente obligado a simpatizar contigo y el problema se resuelve. La cosa es que si el interlocutor descubre que lo que dijiste no fue verdad, entonces sí te va a ir de la chingada, por lo que resulta imprescindible actuar con extremo cuidado y no dejar rastros, avisar a la gente involucrada, ser buen actor, etc., algo complicado.

Pues bien, hay una excusa que resulta infalible casi en cualquier situación: “No pude, es que… es que estaba enfermo del estómago… tenía diarrea”. Esta excusa es poderosísima, en sí lleva el poder del silencio y de la simpatía. Una persona que la escuche estará obligada a congeniar por simple compasión, es bien sabido que aceptar tener diarrea es un tanto difícil a menos que se esté en confianza o que de plano nos valga madres la sociedad, es por eso que el interlocutor no preguntará nada, o prácticamente nada, si acaso: -¿y ya estás bien? No te preocupes, tienes otro mes para entregarlo- fin de la conversación. El practicante de esta excusa no tiene por qué pensar en gente involucrada o una buena actuación, entre menos hable, mejor. El que la escuche sentirá automáticamente un lazo de confianza con el “diarréico” y procurará hacerle las cosas más fáciles. 

¿Por qué? Pues supongo que básicamente porque a la gente no le gusta hablar de como estuvo su última caca, si aguadita o durita, con flatulencias o no tanto, olorosa o no; es por eso que normalmente los baños tienen una puerta que nos protege del ojo ajeno aunque no de las narices ajenas, esos momentos íntimos (Ahhh…).

Conclusión, utilizar tabús para manipular conversaciones o ciertas situaciones es un recurso delicado y poderoso, se juega con algunas emociones y valores arraigados de la supersociedad de imitación.

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~ por deformacionamientacion en noviembre 20, 2008.

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