Desarrollo vs Felicidad

El otro día me encontraba respirando alegremente cuando me topé con algo interesante y provocador en “Post-Data” de Octavio Paz. El tema de este post no tiene nada que ver con este libro por muy sexy que sea, tan sólo con un comentario: Octavio Paz dice que algunos (no recuerdo si era “algunos” o “muchos”, bueno, al menos uno sí fue) antropólogos piensan que el Neolítico fue el periodo más feliz de la humanidad.

No deseo ni daré una explicación del neolítico, sólo murmuraré que en el neolítico surgió la agricultura y por lo tanto el hombre pudo satisfacer sus necesidades básicas. Ahora bien, otra cosa que caracterizó al neolítico es que las sociedades no eran tan bastas, ni había tantas diferencias sociales; aquí empieza el rollo.

¿Por qué el Neolítico como periodo de tanta felicidad? Empecemos con algunas definiciones. No cabe duda que “el amor” es una necesidad, todos aman, desde pequeñitos queremos a nuestros padres o sea quien sea que nos cuide, llámense padres, tíos, abuelos, hermanos, madrastras, etc; lo ideal es que uno quiera a su cuidador a la vez que éste lo quiere y por eso mismo lo cuida, eso es lo ideal, que haya casos bien jodidos en los que nadie quiere a los pobres querubines y éstos terminen de asesinos seriales, violadores, etc; eso es otra cosa, pero lo normal es que las personas tienen una necesidad de amor por parte de las personas a su alrededor como mecanismo de defensa. Yo te quiero, tú me quieres, no nos hacemos daño, al contrario, nos ayudamos y todos somos felices en el jardín del Edén.

De modo que el amor lo traemos en los genes y es lo que nos une así bien fuerte para que podamos afrontar contrariedades y matar Mamuts hasta quedar llenos como chinches. Necesidad biológica, que, según algunos autores, nunca se podrá satisfacer (we just can’t get enough). Siempre se quiere más amor, nunca llega un momento en el que se diga – ya estoy harto de que me quieran, ahora todos ódienme. Así que el amor, como las otras necesidades, se vuelve objeto de comercio y manipulación.

Dejando eso de lado, hay que definir también la “envidia”. Hablar de envidia, es hablar de justicia, cuando uno siente envidia, es porque se piensa que la vida ha sido una perra contigo y debería tratarte con manos aterciopeladas en vez de la basura que te proporciona (basura comparada con los objetos celestiales del individuo al que se le envidia).

“Poder”, éste es otra cosilla interesante. Cuando se tiene poder, valga la redundancia, se pueden hacer muchas cositas. Entre estas cositas se encuentran satisfacer las necesidades de los individuos que se localizan en las cercanías de su círculo social. Necesidades, cosas muy importantes, una vez satisfechas brindan bienestar. ¿Quién satisfizo mis necesidades? Mi cuñado el poderoso; ¡Ah! ¡Qué bueno es! Y uno termina queriendo estar cerca de la gente que satisface nuestras necesidades, se quiere estar cerca de ellos, se los quiere, se los ama.

Debido a que todo mundo posee un “amor” desmedido por aquellas personas que poseen a su vez “poder”, los demás miserables, que caminamos a tropiezos y zancadas en este camino abrupto, tendemos a palpar la envidia que nos arrincona, y queremos ser amados. Pero dado que, en cuanto amor nunca se tiene suficiente, siempre queremos más y siempre habrá alguien más que tenga más poder y nos golpeará con misiles de envidia. Así, la avaricia y la desmesura pertenecen al reino de las grandes sociedades. En los pequeños pueblitos las personas más poderosas no son tan diferentes de las demás.

gente contenta

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~ por deformacionamientacion en diciembre 15, 2008.

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