Renacimiento

•enero 14, 2012 • Dejar un comentario

Es difícil renacer, uno siempre tarda algo, siempre pelea ese deseo inminente de quedarse atrás y respirar un rato y tal vez comerse una galletita que le lleve a otros recuerdos, que te diga que el presente está bien, que el pasado es bueno, que no hay por qué cambiar. Ese postre por lo regular es tibio y aceptable y uno sigue con las galletas hasta que le toca una verde repugnante que te obliga a vomitar. El vómito, ese vómito, dolor de estómago, arquarse y retorcerse, sentir el trago amargo, la bilis subiendo por tu boca; ésa es la indicación de dar el paso y empezar a caminar, mover los pies y las piernas.

 

 

Brotes

•enero 17, 2009 • Dejar un comentario

Podría comenzar con un insulto, no sirves para nada (muy ligero, falta de imaginación o experiencia), la verdad es que mi mente redunda de aquí para allá y viceversa, en un andar turbio que nada deja más que un sopor amargo que me recorre la cabeza, desde las orejas hasta las pestañas, meciéndolas felizmente en un subi-baja alternado acoplado a un ritmo de swing con destellos inesperados de funk. ¿Cómo reparar el discurso sin coger resentimiento consigo mismo? Las palabras, esas traicioneras, saltan asustadas, unas tras otras y tomándose su tiempo, saltan a final de cuentas ante un abismo colorado, colorado como los chabacanos (aunque tal vez un poco más clarito). Desde hacía mucho quería hacer esto, esto, el proceso hace la diferencia, el destino es menos suculento que el trayecto. Desde que comienzo brotan estas palabras, brotan como cucarachas en un abrevadero, bebiéndose las últimas gotas de piedad, enfrascada con eminente seriedad en un sobre con remitente propio, redundando, entréguese esta carta al portador de la misma, no vaya a ser que se equivoque, entonces sí que se armaría. Puedo escribirme a mi mismo, sí que puedo, y esperar con tremenda ansiedad la venida del cartero que me traerá noticias de mi mismo, cómo estoy, qué he hecho, hace mucho que no escuchaba de mí ni de mí, qué bueno que me reporto, espero estar bien y tener felices fiestas, me veo luego y me cuido. Podría hablar en segunda o tercera persona, todo depende de la perspectiva, ¿me hablo a mí mismo o me hablo a mis espaldas? Fíjate que me/te/lo vi entrar a su casa (la mía, la suya, la tuya) y preguntarse/te/me cómo había estado su/tu/mi día. Mi día estuvo chévere (si todavía se usa tal palabra), casi no me hablé a mi mismo, a mí ya no me soporto, solo conversé conmigo y conmigo, muy a gusto, como cuando te me presenté y que me hablé todo el día de mis proyectos y sueños y me conté de mi colección de ticks y suciedades, ya sé, lo que uno no cuenta más que a sí mismo, sólo que esta vez estaba tan en confianza que me lo conté a mí, debo tenerlo en consideración, mi opinión es muy importante para mí.  Y luego seguiré con despidos inusitados tal vez en primera persona del plural. Nos vemos luego. Es todo, las palabras me abandonan, no sin antes cerrar el sobre con un guiño de ojo rojo y un brindis lisonjero, señal inequívoca de un estado avanzado de esa cosa tan extraña que denominan ebriedad y que en variadas ocasiones la susodicha cosa termina en embarazos no deseados, vómitos no deseados, disputas no deseadas, moretones no deseados e incluso orines no deseados, generación… espontánea.

brotándome

brotándome

Desarrollo vs Felicidad

•diciembre 15, 2008 • Dejar un comentario

El otro día me encontraba respirando alegremente cuando me topé con algo interesante y provocador en “Post-Data” de Octavio Paz. El tema de este post no tiene nada que ver con este libro por muy sexy que sea, tan sólo con un comentario: Octavio Paz dice que algunos (no recuerdo si era “algunos” o “muchos”, bueno, al menos uno sí fue) antropólogos piensan que el Neolítico fue el periodo más feliz de la humanidad.

No deseo ni daré una explicación del neolítico, sólo murmuraré que en el neolítico surgió la agricultura y por lo tanto el hombre pudo satisfacer sus necesidades básicas. Ahora bien, otra cosa que caracterizó al neolítico es que las sociedades no eran tan bastas, ni había tantas diferencias sociales; aquí empieza el rollo.

¿Por qué el Neolítico como periodo de tanta felicidad? Empecemos con algunas definiciones. No cabe duda que “el amor” es una necesidad, todos aman, desde pequeñitos queremos a nuestros padres o sea quien sea que nos cuide, llámense padres, tíos, abuelos, hermanos, madrastras, etc; lo ideal es que uno quiera a su cuidador a la vez que éste lo quiere y por eso mismo lo cuida, eso es lo ideal, que haya casos bien jodidos en los que nadie quiere a los pobres querubines y éstos terminen de asesinos seriales, violadores, etc; eso es otra cosa, pero lo normal es que las personas tienen una necesidad de amor por parte de las personas a su alrededor como mecanismo de defensa. Yo te quiero, tú me quieres, no nos hacemos daño, al contrario, nos ayudamos y todos somos felices en el jardín del Edén.

De modo que el amor lo traemos en los genes y es lo que nos une así bien fuerte para que podamos afrontar contrariedades y matar Mamuts hasta quedar llenos como chinches. Necesidad biológica, que, según algunos autores, nunca se podrá satisfacer (we just can’t get enough). Siempre se quiere más amor, nunca llega un momento en el que se diga – ya estoy harto de que me quieran, ahora todos ódienme. Así que el amor, como las otras necesidades, se vuelve objeto de comercio y manipulación.

Dejando eso de lado, hay que definir también la “envidia”. Hablar de envidia, es hablar de justicia, cuando uno siente envidia, es porque se piensa que la vida ha sido una perra contigo y debería tratarte con manos aterciopeladas en vez de la basura que te proporciona (basura comparada con los objetos celestiales del individuo al que se le envidia).

“Poder”, éste es otra cosilla interesante. Cuando se tiene poder, valga la redundancia, se pueden hacer muchas cositas. Entre estas cositas se encuentran satisfacer las necesidades de los individuos que se localizan en las cercanías de su círculo social. Necesidades, cosas muy importantes, una vez satisfechas brindan bienestar. ¿Quién satisfizo mis necesidades? Mi cuñado el poderoso; ¡Ah! ¡Qué bueno es! Y uno termina queriendo estar cerca de la gente que satisface nuestras necesidades, se quiere estar cerca de ellos, se los quiere, se los ama.

Debido a que todo mundo posee un “amor” desmedido por aquellas personas que poseen a su vez “poder”, los demás miserables, que caminamos a tropiezos y zancadas en este camino abrupto, tendemos a palpar la envidia que nos arrincona, y queremos ser amados. Pero dado que, en cuanto amor nunca se tiene suficiente, siempre queremos más y siempre habrá alguien más que tenga más poder y nos golpeará con misiles de envidia. Así, la avaricia y la desmesura pertenecen al reino de las grandes sociedades. En los pequeños pueblitos las personas más poderosas no son tan diferentes de las demás.

gente contenta

gente contenta

Vacío

•diciembre 15, 2008 • Dejar un comentario

Muriendo, participio presente. Si morir es un estado y vivir otro (viviendo), ¿cuál es el punto de escisión entre vivir y morir? Tal vez no lo haya, tal vez en realidad uno nunca muere y en realidad la vida es una mezcla espesa de vida y muerte, con momentos de vida, momentos de muerte y momentos intermedios donde los dos bálsamos se funden y uno pareciera flotar sin respirar. Uno respira todo el tiempo, al menos eso dicen, yo sé por experiencia que no siempre lo hacemos, hay veces en que el tiempo pasa y uno yace en la tierra completamente sedado, no hay necesidad de respirar. Y las flores crecen y palidecen, nos acompañan en el vacío metafísico que hemos construido a nuestro alrededor. Una casa por aquí, un edificio por allá, ladrillos del diluvio que se aproxima. Exterminio, destrucción, momento previo al nacimiento. La materia no se crea ni se destruye, sólamente se transforma.

muriendo

muriendo

Plomería

•noviembre 25, 2008 • Dejar un comentario

La puerta está abierta y el camino es fácil, uno no necesita de gran cosa, tal vez enderezarse, levantar un pie, luego el otro, moverse maquinalmente. En general uno no está consciente de lo que hace. Normalmente camino e interactúo con otros entes, siempre otros, y el tiempo transcurre entre los dedos, con los ojos entreabiertos, con la mente apagada, durmiendo. A veces despierto y me doy cuenta de mi respirar, del cielo, del aire que fluye entre mis brazos, me doy cuenta de que a ratos respiro, a ratos despierto. La vida es como un álbum de fotos, uno recuerda solo ciertos instantes, ciertos periodos de lucidez, lo demás, es tiempo intermedio, relleno fútil. Dicen que la plenitud, que hay que disfrutar cada momento de la vida, que vida nomás una y se nos acaba; pues sí, pero estaría bien que dijeran también cómo chingaos se hace eso. La vida se me escurre, se me va por el desagüe y sigo sin hacer nada. Waking up, me reveillant, aufstehend, despertándome…

Desagüe

Desagüe

Diarrea, remedio infalible

•noviembre 20, 2008 • Dejar un comentario

Hay veces en la vida que las necesidades básicas se vuelven más demandantes, uno ya no es feliz yendo a defecar una vez al día, el aparato digestivo pareciera manifestarse en contra de las actividades que no impliquen cagar (palabra prohibida, calma, no pasará nada) y es necesario hacerse de un buen papel de baño (acolchonadito, que no roce, y en lo posible con aroma floral para distraer la nariz a la hora de la hora) y estar listo para lo inesperado. En esos días en que el excretar se vuelve impetuoso y súbito, pues se sufre y ya, nada que hacerle, este sufrimiento está ahí y sólo se puede tomar alguna medicina y esperar. Ese no es el tema de este post.

El tema concreto es “la cagadera como tema censurado y por ende poderoso (claro, en ciertas circunstancias)”. Muchas veces he buscado excusas para salir de ciertas situaciones embarazosas, cuando llego tarde, cuando se me olvida alguna cita, cuando no hago algún trabajo, cuando… Las excusas pueden variar desde: “Híjole, lo que pasa es que había mucho tráfico” o “Una viejecita se me atravesó y tuve que ayudarle a cruzar la calle” o “mi hermano se calló de la azotea y tuve que llevarlo al hospital” o “se fue la luz y el trabajo se borró”. Como se puede apreciar claramente, estas excusas tienen dos vertientes:

1. Son poco creíbles o poco importantes, el interlocutor puede hallar fácilmente alguna razón para desacreditar la excusa, y entonces te quedas ahí, desnudo ante las circunstancias.

2. Son creíbles pero muy importantes, en este caso se encuentran los accidentes, funerales, etc. El interlocutor se siente obligado a simpatizar contigo y el problema se resuelve. La cosa es que si el interlocutor descubre que lo que dijiste no fue verdad, entonces sí te va a ir de la chingada, por lo que resulta imprescindible actuar con extremo cuidado y no dejar rastros, avisar a la gente involucrada, ser buen actor, etc., algo complicado.

Pues bien, hay una excusa que resulta infalible casi en cualquier situación: “No pude, es que… es que estaba enfermo del estómago… tenía diarrea”. Esta excusa es poderosísima, en sí lleva el poder del silencio y de la simpatía. Una persona que la escuche estará obligada a congeniar por simple compasión, es bien sabido que aceptar tener diarrea es un tanto difícil a menos que se esté en confianza o que de plano nos valga madres la sociedad, es por eso que el interlocutor no preguntará nada, o prácticamente nada, si acaso: -¿y ya estás bien? No te preocupes, tienes otro mes para entregarlo- fin de la conversación. El practicante de esta excusa no tiene por qué pensar en gente involucrada o una buena actuación, entre menos hable, mejor. El que la escuche sentirá automáticamente un lazo de confianza con el “diarréico” y procurará hacerle las cosas más fáciles. 

¿Por qué? Pues supongo que básicamente porque a la gente no le gusta hablar de como estuvo su última caca, si aguadita o durita, con flatulencias o no tanto, olorosa o no; es por eso que normalmente los baños tienen una puerta que nos protege del ojo ajeno aunque no de las narices ajenas, esos momentos íntimos (Ahhh…).

Conclusión, utilizar tabús para manipular conversaciones o ciertas situaciones es un recurso delicado y poderoso, se juega con algunas emociones y valores arraigados de la supersociedad de imitación.

About Morality, sobre el bien y el mal

•noviembre 7, 2008 • Dejar un comentario

La pregunta se ha sacudido en mi cabeza por bastante tiempo, hay veces que no le presto mucha atención, pero últimamente he pensado una pizca más.

El humano se comporta de acuerdo a ciertas reglas, normas, convenciones; llámese como se quiera, el punto es que el hombre no siempre es libre, por lo regular uno actúa de acuerdo a una vocecita ligera, bastante molesta a veces, que nos indica lo que está bien y lo que está mal (el término es ambiguo, lo sé, pero después trataré eso (si me dan ganas)). La mayoría de la gente no se pregunta la provenencia de los susurros, simplemente eligen, el bien o el mal de acuerdo a prioridades. Ese reconocimiento del bien o mal está dado naturalmente, de hecho las personas que no lo hacen se consideran enfermas. Ahora bien, ¿qué es el bien y qué es el mal?. He llegado a tres teorías de mi cosecha al respecto y creo que no se contraponen, más bien se complementan, aquí las pongo:

1.- Acuerdo: El bien y el mal se definen por acuerdo entre los habitantes de la comunidad, en una instancia más profunda, es el resultado de mecanismos proteccionistas egoístas que pretenden asegurar el bienestar de cada persona. Imaginemos dos individuos que no conocen la diferencia entre bien y mal, pero sí conocen sus propias capacidades, también saben que es imperativo y confortable, de acuerdo a las circunstancias , realizar trabajo en equipo y por lo tanto se necesitan entre sí; las circunstancias, se sabe que pueden cambiar. Así que un día cada uno de estos dos individuos se da cuenta de que el otro es capaz de matarlo, no lo hace porque, de acuerdo a las circunstancias, el otro lo necesita. De modo que los dos están concientes de la capacidad asesina del otro y de que si las circunstancias cambian, podrían morir asesinados cada quien por el contrario. Los dos viven con ese miedo, así que llegan a un acuerdo: “Es malo matar”, de esta forma, ambos individuos viven más confiados y felices, sin el temor a ser asesinados.

2.- Empatía: Considerando al ser humano como un ser mental conectado al exterior a través de sus sentidos, podríamos decir que el humano no tiene una noción de la realidad más que la copia que le proporcionan sus órganos sensoriales. Cuando uno recuerda, revive los momentos recordados, éstos momentos producen efectos fisiológicos en el individuo, las personas se ponen tristes cuando recuerdan episodios tristes de su vida, análogamente pasa con la alegría. De modo que recordar es como volver a vivir el momento y así mismo sentir los efectos que nos proporcionó, aunque a una escala mucho más reducida debido a las dificultades de almacenamiento del cerebro humano. La imaginación actúa de forma parecida, solo que cuando imaginamos, los recuerdos los inventamos nosotros, sin embargo, el efecto es bastante parecido en lo que respecta a lo físico, lo que imaginamos nos puede poner tristes o alegres. De modo que cuando vemos a alguien sufrir, podemos imaginarnos a nosotros en su lugar, lo que nos puede hacer sufrir. De esta forma, el humano se vuelve piadoso y procura no hacer daño a sus semejantes, también de forma egoísta, pues procura no dañarlos porque eso implica un daño a sí mismo.

3.- Cultura: En esta índole entran muchas reglas morales que existen por pura inercia y que carecen de fundamento. Básicamente el hombre, como ser social, busca encajar dentro de una sociedad, esta sociedad por lo regular ya tiene reglas que se imponen arbitrariamente a cada nuevo individuo. “…thinks that he himself has logically chosen the regimen which is most satisfactory, socially profitable or morally right”, el hombre tiene la ilusión de elegir su comportamiento, mas no se da cuenta que en realidad su comportamiento está en gran parte regido por reglas preestablecidas: “A donde fueres, has lo que vieres”. Cuando estas reglas entran en conflicto con necesidades biológicas o psicológicas inherentes al humano, hay problemas. Se puede considerar también egoísta, ya que el humano se enfoca en adaptarse a su ambiente como medio de protección.

Hasta aquí todo indica que el hombre es un animal como los demás que busca sobrevivir, la compasión es egoísta y como siempre, el bien y el mal es relativo.